Lentamente, la puerta se abre y (ya) el tiempo se ha detenido. En el jardín de la Maison des Douceurs resuena una suave armonía. Sus vastos espacios, jalonados de coloridas arboledas, invitan a olvidarse del mundanal ruido, a tomarse un fin de semana o unos días para una escapada de relax. La delicadeza de este encanto es el resultado de la atención que Alain presta a cada detalle. Impulsado por el único deseo de compartir un estilo de vida basado en el bienestar, los sabores y el descubrimiento, comparte lo que sólo puede describirse como su plan de vida. Detector de tendencias y formador de equipos sin igual, con talentos complementarios y originales, combina a la perfección la coherencia y la reflexión. Aquí, todo está pensado, dispuesto, organizado y cocinado para que los "invitados" puedan recargar las pilas.