Hay lugares que se eligen simplemente para pasar la noche y otros que se recuerdan por la historia que cuentan. La Ferme de Jeanne pertenece, sin duda, a esta segunda categoría. A pocos kilómetros de Nérac, en medio de los paisajes ondulados de Albret, esta antigua granja del siglo XVIII ha recuperado toda su vida gracias a una familia que se enamoró del lugar. Aquí se viene en busca de calma, espacio y de esa particular dulzura de vivir tan propia del suroeste de Francia. Con apenas unas pocas habitaciones, piscina, espacios dedicados al descanso y el campo extendiéndose hasta donde alcanza la vista, la casa refleja también una auténtica pasión por los caballos, que reciben tantas atenciones como sus propios jinetes. Una casa auténtica y sin artificios, que recomendamos especialmente a quienes disfrutan de los lugares con historia, alma familiar y un deseo sincero de recibir.